¿Creamos un vestidor funcional?

No sé si ya has oído hablar del armario cápsula, pero para los que no habéis oído hablar de él, deciros que es una nueva tendencia que busca evitar esa frase tan típica de «no tengo nada que ponerme» con un armario totalmente lleno. ¿Cómo? teniendo un máximo de 20, 33 ó 40 piezas combinables entre sí, de ropa y accesorios, para cada una de las temporadas.

La idea parece atractiva, pero para muchos la opción de sólo tener 40 piezas es demasiado limitada y no es capaz de llevarla a cabo, y en este grupo me incluyo yo. Por ello, yo os propongo el vestidor funcional.

Esta opción, a diferencia del armario cápsula, te permite comprarte algo más de ropa, pero sin pasarse, pensando que todas las piezas que en él tengas deberán tener un sentido.

Lo primero que deberíamos hacer es repasar nuestro armario, sacar todo lo que en él está, y analizar las piezas de las que está formado. Recuerda, todo lo que no utilizas desde hace un par de temporadas tendría que salir de tu armario, ya que incluso si te encanta, debe haber alguna razón por la que no te lo pones.

El siguiente paso sería, tal y como he comentado en el post de la semana anterior, crear categorías de ropa, ya sea por el tipo de prenda, todas las faldas juntas, pantalones o camisas, ya sea por el momento de uso, la ropa informal, la de trabajo, la de fiesta, la de negocios o la deportiva. Y luego agruparla por colores.

Una vez hecha la primera criba, ahora tocaría conseguir crear una fuerte columna vertebral en nuestro armario, y para ello deberíamos asegurarnos que contamos con productos básicos neutrales que serán el punto de partida para cualquier atuendo.

A qué me refiero con básicos neutrales, pues estaríamos hablando de tejanos, camisetas básicas de manga corta o larga, jerséis y alguna chaqueta en color negro, gris, azul o marrón, a gusto del consumidor. Pero define como mucho 2 colores, si empiezas a tener básicos neutros por capricho, tu armario acabará de nuevo abarrotado.

¿Para qué es importante disponer de una buena columna vertebral? para vestirnos con agilidad si tenemos que salir de casa rápidamente. La única premisa que deberían tener estas piezas es que: nos queden bien, nos sintamos a gusto y sean cómodas.

Una vez hemos establecido nuestra columna vertebral del armario, podemos agregar esas piezas de colores que son más nuestras. Elegiríamos dos o tres colores que reflejen nuestra personalidad y que sean nuestros colores fetiche. Deberíamos evitar comprar aquellas piezas en colores o estampados que nunca usamos. Pero podríamos invertir en una pieza cara, siempre y cuando sea de alguno de nuestros colores favoritos.

Y ahora toca dar color a nuestro atuendo, y para eso recurriríamos a los accesorios. Éstos son los que nos aportarán color y darán el toque más personal a nuestra vestimenta. Zapatos, cinturones, bufandas y joyas son excelentes para conseguir que nuestros atuendos destaquen sin tener que comprometernos demasiado. Pero al igual que con nuestra ropa, no podemos perder de vista nuestro sentido personal de la moda. Si nunca has usado sombreros, porque no te sientes cómodo, es poco probable que comiences ahora, por ello, aunque veas uno que te roba el corazón, no te lo compres, no lo usarás.

Os acabo de comentar que los accesorios serán los que aporten la nota de color a nuestro atuendo, pero no por ello podemos comprar cualquier cosa. Un ejemplo, te encantan una botas azules, color neutro, hasta aquí todo bien, pero todo lo que tienes en tu armario no combina con ellas, pues siento decírtelo, pero por muy bonitas que te parezcan, evítalas, ya que si no encajan con tu vestuario, acabarás por no ponértelas.

Todo lo que no encaja en este vestidor funcional podríamos decirle adiós, y dejar sólo la columna vertebral neutra, las piezas con nuestro colores fetiches, y los accesorios que aportarán color a nuestro vestuario.

Recuerda, que para tener un vestuario funcional el secreto está en realizar buenas elecciones y mantenerse dentro de ciertos parámetros.

Con estas premisas, evitaremos un armario abarrotado, para convertirlo en un armario funcional, donde no habrá sitio para las compras impulsivas, pero que estará «lleno» de ropa que se ajustará a un guardarropa con conciencia y lleno de personalidad.